“La frecuencia y la constancia con la que se ejecuten estos hábitos promueven el establecimiento de normas.."
A medida que la niña o el niño va creciendo, estas rutinas se comienzan a transformar en hábitos de modo que, hacia los 2 años de edad, lo más seguro es que haya interiorizado unas normas y pautas de comportamiento.
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